Según Edith Grotberg, en su libro La resiliencia en el mundo de hoy, todos podemos volvernos resilientes, se trata de algo universal sin ningún tipo de distinción. El desafío es encontrar la manera de promover esa capacidad en cada persona tanto a nivel individual como familiar y social. Recogiendo los resultados de los numerosos estudios sobre características o factores resilientes en niños que se encontraban notoriamente afectados por su entorno (padres con patologías mentales, consumo de drogas, abusos, etc.), aparecían algunas de ellas que se daban en gran medida y que los diferenciaba de otros, por lo que las organizó en tres factores:
1. Una o más personas dentro de mi grupo familiar en las que puedo confiar y que me aman sin condicionamientos, es decir, de forma incondicional;
2. una o más personas fuera de mi entorno familiar en las que puedo confiar plenamente;
3. límites en mi comportamiento;
4. personas que me alientan a ser independiente;
5. buenos modelos a imitar;
6. acceso a la salud, a la educación y a servicios de seguridad y sociales que necesito; y
7. una familia y entorno social estables.
1. Una persona que agrada a la mayoría de la gente;
2. generalmente tranquila y bien predispuesta;
3. alguien que logra aquello que se propone y que planea para el futuro;
4. una persona que se respeta a sí misma y a los demás;
5. alguien que siente empatía por los demás y se preocupa por ellos;
6. responsable de mis propias acciones y acepto sus consecuencias;
7. segura de mí misma, optimista, confiada y tengo muchas esperanzas.
1. Generar nuevas ideas o nuevos caminos para hacer las cosas;
2. realizar una tarea hasta finalizarla;
3. encontrar el humor en la vida y utilizarlos para reducir tensiones;
4. expresar mis pensamientos y sentimientos en mi comunicación con los demás;
5. resolver conflictos en diferentes ámbitos: académico, laboral, personal y social;
6. controlar mi comportamiento: mis sentimientos, mis impulsos, el demostrar lo que siento, y ;
7. pedir ayuda cuando la necesito.
Al fortalecer y trabajar cada uno de estos aspectos de manera análoga y yuxtapuesta en niños permite formar adultos resilientes.
Si yo como adulto vivo en concordancia con lo que pienso, siento, digo y hago, seré un adulto resiliente.
El saberme apt@ y capaz, amad@ y valorad@ por mí mism@ me da el valor que me impulsa a remontar y trascender cualquier circunstancia por muy dura que sea.
Marinés Medina Hernández
Bioterapeuta y Coach Bioemocional


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