Primordialmente, es necesario señalar que no existen personas tóxicas en sí mismas. Las que existen son personas en estado tóxico. Esta condición puede ser cambiada.
Todos y cada uno de nosotros pasamos por etapas de toxicidad y esto se debe a la calidad de nuestros pensamientos. Si son pensamientos dañinos, dolorosos, 'negativos' los que priman en nosotros; pasamos a la toxicidad.
Una persona en estado tóxico absorbe la energía de las personas que están cerca. Se convierte en una suerte de 'vampiro energético'.
Lo más prudente que podemos hacer cuando nos encontramos ante una 'persona tóxica' es alejarnos.
Incluso, sugerirle la asistencia de un terapeuta especializado no resulta oportuno. Una persona en estado tóxico puede rechazar tal sugerencia o aceptarla de compromiso, para ser mejor vista. Pero no tendría voluntad de trabajar en sí misma. La voluntad de sanar tiene que nacer de su corazón.
Una persona en estado tóxico llega a mi vida para conectarme con la toxicidad que llevo en mí. Aquella parte de mi personalidad, que no reconozco en mí.
Identifico lo que conozco, veo lo que sé. Si veo toxicidad, es porque sé lo que es a través de mi propia vivencia.
Al conectar mi toxicidad con la toxicidad que estoy viendo, seré capaz de mantenerme incólume, como fiel guardián de mí mism@ en mente y espíritu.
Cuando me decido a llevar una vida consciente. El universo se encarga de colocar en mi vida los maestros necesarios para mi evolución 
Marinés Medina Hernández
Bioterapeuta y Coach Bioemocional

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