En vez de seguir culpando a los demás de nuestras desgracias, lo mejor es hacernos responsables ahora en adelante de nuestra felicidad. No condiciones tu vida a que el otro te pida perdón, porque probablemente no ocurra, además; dejar de hacerlo le resta poder a esa persona sobre ti.
Una de las maneras de dejar fluir una emoción y que no se somatice es reconociéndola. Hacer lo contrario y dejarla dentro de nosotros solo nos causará sufrimiento, incluso enfermedades físicas. De ser posible, habla con alguien (especialmente con quien tengas problemas) y aclara tus puntos, ya que hacerlo puede ser muy liberador.
Este es uno de los pasos más difíciles. Cuando perdonamos a otros y nos perdonamos a nosotros mismos, es porque aprendemos a ver lo que nos pasa desde otra perspectiva. Sí, estamos heridos, pero ya no podemos hacer nada para cambiar las cosas. La ira solo daña a quien la siente, no a quien la causó. Si sientes remordimiento o culpa por algo que pasó, hiciste o dejaste de hacer, te seguirá causando dolor hasta que entiendas que todo sucedió como tenía que suceder. Todo fue parte de tu aprendizaje.
Vivir en el pasado solo nos cohíbe de disfrutar la vida, y la vida es ahora. Una de las técnicas más útiles para conectar con tu momento presente es cerrar los ojos por 5 o 10 minutos e ir reconociendo nuestras sensaciones corporales, dolores, texturas a nuestro alrededor, incluso olores o sonidos.


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